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       11 de Mayo de 2010

Malestar en la cultura.

Es frecuente encontrar gente que organiza eventos dando fe de la diversidad, valor y destreza de nuestros artistas y artesanos; así como de la capacidad administrativa para hacer de pequeños actos grandes acontecimientos. Gestores de espíritu bien-intencionado que logran convocar multitudes alrededor de un tema cultural. Hablamos de “emprendedores” capaces de resolver las dificultades de organizar eventos con bajo presupuesto, sin formular proyectos de largo alcance, sin planes de acción, sin objetivos claros, y sin apoyo del Estado. Pero lo más asombroso, es que con todas esas precariedades “tenemos actos de cultura” para mostrar a diestra y siniestra.


Pero cuidado, hay que superar esas falencias. Hay que atender las quejas y reclamos de siempre. Hay que enfrentar la indigencia cultural con programas y políticas de Estado. La cultura la hacen los artistas, pero tener una política cultural, es parte del quehacer de los políticos locales responsables, serios, sensatos, sensibles, capaces, inteligentes... El gobierno nacional acaba de expedir un compendio de Políticas culturales. Hay que estudiarlo, hay que aplicarlo.


Los políticos y los trabajadores de la cultura deben incorporar palabras como “industria cultural” y  “trabajo en red” en su quehacer diario, y en las políticas para responderle al sector. Es necesario pensar la cultura en sus aspectos más intrínsecos  y fortalecer los procesos estándares capacitando a los artistas y gestores; no solo porque la industria cultural genera dividendos sociales, sino ingresos y empleos reales.


En materia de cultura nuestros municipios y departamentos no pueden seguir actuando con ignorancia. Los presupuestos de la cultura deben ser distintos a los dineros de las parrandas para patrocinar borracheras de ferias tradicionales, carnavales con corralejas para suicidas o cabalgatas para traquetos. Y los funcionarios de las bibliotecas y casas municipales tienen que estar capacitados y no la vergüenza de ostentar como único título la recomendación de un político.


Vale la pena preguntarse si lo que hacemos en pueblos y ciudades intermedias es gestión cultural, en la medida que no hemos asumido las políticas nacionales que ya existen; pero sobre todo, si es correcto seguir por los dudosos caminos para obtener recursos para los proyectos de nuestros artistas como lo son el amiguismo politiquero, la ruleta de los concursos, o el desespero de los artistas asumiendo onerosos préstamos bancarios para mostrar lo que hace.


El artista debería estar preocupado por crear y no por andar vendiendo o haciendo productos que respondan a la demanda de los mercados. Por eso, es necesario implementar en cada municipio colombiano programas de educación en gestión cultural que respondan a la identidad, la necesidad y el esfuerzo de nuestros creadores.

La cultura en el siglo XXI de ninguna manera puede seguir siendo la cenicienta de los presupuestos municipales, con oficinas de relleno en el organigrama del Estado, con funcionarios de poner y quitar por politiquería; y sobre todo, sin asumir los nuevos retos que nos proponen desde el Ministerio de Cultura en su “Compendio de Políticas cultuales”.

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